jueves, 1 de marzo de 2012

COSTA RICA UN OASIS DE NATURALEZA VIRGEN







Fueron apenas 17 los días que pasó Colón en este país de Centroamérica, después de desembarcar cerca del actual Puerto Limón, y comprobar que era el primer europeo que pisaba semejante paraíso. Los pacíficos nativos no le ofrecieron resistencia ni tampoco se privaron de lucir joyas de oro y piedras preciosas. Entonces la codicia despertó y en nombre de los tesoros que el territorio debía encerrar, el hombre blanco lo llamó Costa Rica.
La historia de Costa Rica es un triunfo de la paz sobre la hostilidad, debido a la atmósfera tranquila de este país.
Estudios hechos en Costa Rica confirman que muchas civilizaciones se han asentado en esta región desde hace 10,000 años, y después de la llegada de los conquistadores españoles. Muchas civilizaciones indígenas, han desaparecido, siendo Costa Rica su hogar, dejaron tras ellas misterios y maravillas para las generaciones futuras. Una de estas maravillas son cientos de rocas que se han hallado en la costa del Pacífico, perfectamente esféricas, que van desde el tamaño de una pelota de béisbol hasta rocas del tamaño de un automóvil.
Objetos de oro y jade son otros tesoros dejados por estas antiguas civilizaciones, y que ahora pueden ser admirados en museos en el Valle Central.
Más recientemente, se han encontrado antiguas ruinas indígenas en los alrededores del Valle Central, dejando al descubierto sofisticados sistemas de acueductos y canales, al igual que magníficas construcciones que escapan a la imaginación.
Costa Rica
Por la época de la llegada de Colón, había cuatro tribus indígenas principales viviendo en Costa Rica. La costa este era el dominio de los Caribes, mientras que los Borucas, Chibchas y Diquis vivían en el sur-oeste. Para empezar, estas poblaciones no eran numerosas y cuando llegaron los Españoles, se encargaron de casi desaparecerlos; algunos lograron escapar y otros perecieron, aún así muchos colonizadores establecieron colonias en América Central y Méjico, que finalmente ganaron su independencia de España en 1821.
La conquista logró cosechar desastres, pero de oro y jade, ni migas. En 1563 nació Cartago, en la meseta central, donde la fertilidad del suelo volcánico hizo que el asentamiento perdurara. Quizás nunca tuvo la Corona española colonia más pobre. Lejos de la costa, quedó marginada de las rutas comerciales y así fue literalmente olvidada durante siglo y medio. Dicen que fue en esos tiempos durísimos -cuando se necesitaron unos a otros para no morir- que se forjó el temperamento amistoso y solidario de los ticos, como se autodenominan los costarricenses. Ese carácter que cualquier visitante puede reconocer no bien aterriza en San José.
Tempranamente el café se convirtió en el producto principal de Costa Rica, y la oligarquía cafetalera se convirtió en la clase gobernante. Otros productos como las bananas también ayudaron al crecimiento económico de Costa Rica. Todos estos esfuerzos de la agricultura hicieron posible la mejora de los sistemas caminos y telecomunicaciones, construyendo caminos, vías férreas, haciendo la electricidad y educación disponible para todos.
Sin duda alguna, y hasta la fecha, el mayor logro de Costa Rica fue la disolución del ejército, después de la guerra civil de 1948, bajo mandato del ex-presidente José Figueres Ferrer, y que cambió para siempre el rostro de nuestra nación, convirtiéndola e lo que es hoy en día: una nación cálida, calma y pacífica.
Hoy en día Costa Rica sigue siendo un país amante de la paz, tiene la taza de alfabetismo más alta del mundo. El turismo también juega un papel muy importante, por lo que los Costarricenses han aprendido a valorar y apreciar los beneficios que la inversión extranjera les puede brindar. Si usted la visita se dará cuenta que todos en Costa Rica son amigables y siempre dispuestos a ayudar.

La capital

La ciudad nació en 1737 y pese a su rol de capital, no es muy inspiradora. Los restos coloniales están dispersos por diversos lugares de la ciudad, y la falta de planificación la hacen algo compleja de entender, pero una experiencia interesante, que no deja de ser divertida.
En descargo de la capital-es cierto que se la recorre y conoce en media jornada- hay que decir que es muy tranquila y el turista sólo recibe sonrisas y buen trato en el itinerario que van trazando sus pasos. Es más, la agenda cultural ofrece siempre una buena excusa para ver teatro y ballet, sobre todo danza moderna.
Antes de apuntarse a cualquiera de las excursiones que parten de la capital, visita los Museos del Oro y del Jade. El primero guarda una buena colección de miniaturas y piezas medianas en oro. Gracias a una audioguía que puede alquilarse sumando 2 dólares a la entrada, es posible conocer algunas creencias y prácticas religiosas: actividad chamánica, autosacrificios; y detalles sobre los adelantos tecnológicos en el uso de los metales. El segundo es, no sólo el museo más célebre del país sino el que alberga "la mayor colección mundial de jade de las Américas".

Naturaleza completa

Costa Rica es un pequeño país, en donde se apiñan ecosistemas de grandiosas expresiones naturales y extensas zonas agrícolas donde florece un orden de cafetales y plantaciones de bananos. Parece mentira que en tan poco espacio haya lugar para tantos volcanes, bosques, selva, foresta lluviosa, pájaros y mariposas que aletean en una deslumbrante multitud de especies, y tantas otras especies. Al oeste el océano Pacífico y al este el mar Caribe, completan la geografía costarricense con paisajes de película.
El volcán Poás es una cita ineludible a 45 minutos de San José y que obliga a prever abrigo: a 2.700 metros el frío se siente. Al cráter, de 1,5 km de diámetro, se llega caminando en 15 minutos; se lo huele ya que no para de expulsar gases desde sus 300 metros de profundidad que tiñen el aire de amarillo. Al asomarse al borde de ese agujero, aparece una laguna de espesas aguas verdes, mezcla de lluvia y el ácido sulfúrico que de su interior emana. Sentir el aliento del volcán a un palmo de las narices es casi como un trance, mitad fascinante, mitad aterrador.
Pero el primer cráter que abrió la ira del Poás no es éste, sino otro localizable a 30 minutos andando por un sendero de frondas bien señalizado. En el trayecto se ven plantas de hojas enormes, son las sombrilla del pobre, ideales para cubrirse del impiadoso sol. Tabos (el cráter) es hoy una laguna quieta que suele esfumarse bajo un manto de neblina pasadas las 11 de la mañana. Recorrer estos caminos entre la niebla es una experiencia indescriptible.
Cuatro impresionantes cordilleras montañosas dan lugar a la diversidad biológica de Costa Rica. Juntas, mientras se distribuyen a lo largo del país, dan forma a una columna vertebral de alturas y de belleza sobresaliente, donde los recursos naturales no tienen rival.
La Cordillera de Guanacaste descansa al norte del país, su pico más alto está ligeramente sobre los 1,850 metros (6,000 pies).Alberga volcanes activos y recientemente activos, tales como el fiero y ruidoso Volcán Arenal. El Volcán Rincón de la Vieja, un Parque Nacional de 14,083 hectáreas, formado por diversas fuentes de erupciones volcánicas, estuvo activo por última vez entre 1966 y 1970. Dos de sus nueve zonas de erupción se encuentran aún activas. El pico más alto de la Cordillera de Guanacaste es el Volcán Miravalles, con 2,020 metros sobre el nivel del mar.
Al este del volcán Arenal, está la Laguna Arenal, un punto de quiebre que nos lleva a la siguiente cordillera: la Cordillera de Tilarán, donde hasta ahora no ha sido reportada ninguna actividad volcánica.
A continuación viene la impresionante Cordillera Central, que alberga cuatro importantes volcanes: el Poás, el Irazú, el Barva y el Turrialba. Gran parte de la cordillera está protegida por el Sistema de Parques Nacionales; el Poás y el Irazú son en sí Parques Nacionales, y la mayor parte de la cumbre del Volcán Barva pertenece al Parque Nacional Braulio Carrillo. Ser parte del Sistema beneficia al turismo, ya que la mayoría de los volcanes pueden ser accedidos cómodamente por carretera, y están bien organizados para ofrecer al turista una experiencia de aprendizaje. Ya que la actividad volcánica es común en el área, las ciudades vecinas han experimentado muchas erupciones y están acostumbradas a cenizas volcánicas y a temblores diarios. La última erupción del Volcán Poás fue en 1980; y el último periodo activo del Irazú fue entre 1962 y 1965.
Al sur de la Cordillera Central está la cordillera más grande del país: Talamanca, una imponente cordillera no volcánica que se extiende hacia el sur de Cartago, adentrándose en Panamá. Esta magnífica cordillera alberga los picos más altos de Costa Rica, incluyendo diez picos por encima de los 2,950 metros de altura, y al nuboso Cerro Chirripó, que alcanza la mayor elevación en el país (3,432 metros). La mayor diversidad biológica de Costa Rica está comprendida en esta región, también protegida por dos importantes Parques Nacionales: La Amistad y Chirripó.

Ecología: un camino natural

Más de una cuarta parte del territorio costarricense ha sido apartada para protegerla contra la explotación y los estragos producidos por otros seres humanos. Ningún otro país en el mundo se acerca a estas estadísticas. Más de un veintisiete por ciento del espacio comprendido por Costa Rica ha sido declarado parque nacional, reserva biológica o refugio de vida silvestre, además de otras categorías de áreas en protección, tanto privadas como públicas. La ecología de Costa Rica está representada por cifras elevadas: entre 500.000 y un millón de especies de flora y fauna; cientos de miles de especies de insectos; 2.000 de orquídeas; 208 de mamíferos; 850 de aves y una innumerable cantidad de mariposas y polillas. Un cinco por ciento de la flora y fauna existentes en el planeta se encuentra en este territorio que cubre tan solo un 0.03% de la superficie terrestre. Rodrigo Carazo, ex-presidente de Costa Rica (1978-1982), afirmó lo siguiente sobre el sistema de parques nacionales: los parques son "... espléndidos laboratorios naturales que ofrecemos tanto a la comunidad científica internacional, como a los niños, jóvenes y adultos que no deben ser privados del contacto directo con la naturaleza en su estado original. Los parques nacionales son el medio por el cual los costarricenses fomentamos la paz entre los seres humanos y la buena voluntad entre las naciones".
La historia de la creación de los parques y las áreas protegidas de Costa Rica ha estado marcada por el drama, los ideales y el sacrificio. Uno de los pioneros en la protección del medio ambiente y de las especies fue Nils Olaf Wessberg, quien junto con su esposa, Karen, llegó a Costa Rica en 1955 proveniente de Suecia. En ese entonces Nils compró una finca en Nicoya, cerca del pueblo que hoy conocemos como Montezuma. Como naturalistas apasionados que eran, la pareja construyó su hogar con hojas de palmera, y se dispuso a vivir lo más armoniosamente posible con el medio. Montezuma se encuentra en el rincón más remoto de lo que en ese entonces era una península bastante inexplorada. Sin embargo, este aislamiento no bastó para que Nils y Karen Wessberg lograran escapar del progreso, y les tocó presenciar, consternados, la paulatina destrucción de los bosques vírgenes de Cabo Blanco, en la Península de Nicoya. A raíz de esto, Nils se consagró como activista. Trabajó incansablemente para recolectar fondos con el fin de comprar grandes extensiones de terreno, y de este modo preservar la región. Al cabo de tres años llenos de complicaciones, logró recolectar $30.000, la cantidad necesaria para comprar las 1.172 hectáreas que hoy constituyen la Reserva Natural Absoluta de Cabo Blanco. Ahora, una placa instalada en el interior del parque es una muestra de agradecimiento a la memoria de Nils, quien fue asesinado en manos de quienes no compartían sus ideales conservacionistas mientras trataba de establecer otro parque en la Península de Osa.
Otro personaje que destaca es Mario Boza, un investigador de los bosques de Costa Rica, quien puso a trabajar su pensamiento conservacionista en la creación de Santa Rosa, el primer parque nacional del país. En 1969, la Ley Forestal anunció la inminente creación del Monumento Nacional de Santa Rosa, y Mario Boza estableció el Departamento de Parques Nacionales. Pero debido a la escasez de fondos y de personal necesarios para darle una estructura firme a este tipo de leyes, los esfuerzos pasaron casi desapercibidos y el uso de los suelos forestales siguió siendo como en el pasado: pastizales para el ganado de los alrededores y haciendas donde invasores talan y queman la vegetación.
Boza no pudo detener la destrucción por medio de los mecanismos burocráticos tradicionales, así que optó por recurrir a la prensa con el fin de llegar de una forma directa al pueblo costarricense. "Santa Rosa en llamas; Parque Nacional en ruinas", decían los encabezados de la prensa. El público se enfureció y las autoridades de los parques recibieron la autorización de expulsar a los invasores de las tierras y de protegerlas contra la inversión ganadera y agrícola.
En Guanacaste existe un experimento de reforestación natural, concebido y desarrollado por el biólogo norteamericano Dan Janzen. Este proyecto tiene implicaciones que pueden afectar el futuro de todo el planeta tierra. Para Dan Janzen, es obvio que la reforestación de los bosques devastados no es tan simple como se ha creído siempre. El estudio cuidadoso de extensiones similares al tamaño de los parques de Costa Rica, nos ha enseñado que el tejido de la vida es infinitamente elaborado, y que para reconstruir lo que ha sido deshilvanado no basta con sembrar árboles; se requiere de una labor más compleja.
Tal y como está sucediendo en otros países, el nivel económico de este país en vías de desarrollo pareciera contradecir los esfuerzos ambientalistas. Los parques y las extensas áreas protegidas tienen un alto costo. La expansión urbana, producto de la concentración de un 60 por ciento de la población costarricense sobre el suelo más fértil del país -el Valle Central-, cubre la tierra de concreto y asfalto, y sigue su camino a un paso frenético. En un intento por imitar el modelo de los Estados Unidos y del Primer Mundo, surge un conflicto inevitable entre el consumismo y la conservación. En consecuencia, el sistema fluvial, así como la estructura hidroeléctrica que alimenta al país, están siendo seriamente amenazados. La producción incontrolada de desechos tóxicos producidos por las industrias bananera, cafetalera y de fertilizantes, entre otras, ha contaminado las aguas internas y costeras. Los pesticidas hechos a base de químicos agrícolas inicialmente fueron utilizados sólo para los productos tradicionales de exportación, como el banano y la caña de azúcar, pero ahora están siendo implementados por los productores de flores y vegetales, amenazando con destruir importantes especies tales como los armadillos y los cocodrilos que habitan a lo largo del río Tempisque. La deforestación se convierte en la consecuencia inevitable de los extensos pastizales para el ganado, y desencadena un proceso de erosión irreversible que reduce la capa laborable del suelo. Y la lista continúa.
Los naturalistas extranjeros tratan de balancear estas fuerzas. Los ambientalistas y ecologistas de todo el mundo han venido a Costa Rica para aliarse con el bando de "los buenos". En la actualidad, Costa Rica cuenta con cientos de expertos ambientales, y docenas de organizaciones internacionales para la conservación trabajan en nombre de los esfuerzos ecológicos del país.
Con la creencia de que la verdadera conservación solo puede lograrse por medio de la voluntad de la gente, el sistema de parques nacionales ha puesto su empeño en educar a los ticos más afectados por la conversión de tierras libres en parques. La cooperación de estas personas es indispensable para la supervivencia de las zonas protegidas. Por ejemplo, la costumbre de cazar especies animales para las cuales el parque se ha convertido en refugio, debe ser cambiada. Los animales grandes, tales como los jaguares y los pumas, necesitan de mucho espacio libre para sobrevivir. Convencer a los lugareños de que no los maten, a pesar de que estos felinos representan una amenaza constante para el ganado, es una tarea complicada que por lo general pasa desapercibida.
Al visitar las zonas protegidas, los turistas ecológicos y los tradicionales benefician al sistema de parques nacionales de Costa Rica: con solo hospedarse en una reserva privada, al contemplar y comprender un poco sobre los parques nacionales, por medio de su trabajo y sus contribuciones a las fundaciones que luchan por proteger a Costa Rica, estos visitantes ponen su granito de arena.
El Parque Internacional La Amistad atraviesa la frontera con Panamá y pronto pasará a formar parte del sistema de parques de ese país; el proyecto del Parque de la Paz, que se ubicará a lo largo del río San Juan y abarcará la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, es un esfuerzo conjunto entre ambas naciones: estos son dos ejemplos muy claros de lo que en materia de cooperación internacional se puede desarrollar a partir de los parques nacionales.
Pero, ¿será suficiente? El hecho de que Costa Rica sea considerado un país seguro, tranquilo y democrático es tanto una bendición como un problema para la nación. El mundo no va a seguir brindándole ayuda, atención y cobertura periodística a un lugar tan gentilmente democrático. Existen otros muchos países desventurados en el planeta, que están siempre al borde de la desesperación y que claman por ayuda, atención, apoyo y cobertura de los medios informativos.

Gastronomía: un arte tradicional

Profunda y duradera ha sido la influencia indígena en el arte culinario, especialmente la de origen norteño, lo que explica el parecido con la cocina mexicana y, en el pasado, la enorme y sorprendente similitud con la cocina criolla guatemalteca y hondureña. Indestructible ha sido asimismo, el sello aportado por los conquistadores españoles, que con innumerables productos de su país y de los vecinos pueblos conquistados, enriquecieron las costumbres alimentarias, al mismo tiempo que veían transformarse las suyas al contacto con los pueblos aborígenes.
En cuanto a la forma de preparar el maíz, existían diversos procedimientos. El principal de ellos daba comienzo con el ablandamiento de los granos de maíz, que se ponían en agua y cal durante una noche. Luego de lavarlo, las indias lo molían en una piedra de dos o tres palmos de latitud cóncava, con otra redonda y gruesa o larga, a fuerza de brazos como suelen los pintores moler colores para su oficio, echando agua y dejando pasar algún intervalo, poco a poco, no cesando de moler. Con la masa resultante de este proceso preparaban unas tortas grandes, delgadas y blancas, el arte de cuya confección provino de las culturas norteñas, entre las cuales las tortillas de maíz desempeñan el lugar que ocupa el pan de trigo entre otros pueblos.
Existían diversas formas de prepararlas: mayor o menor grosor, diversos aliños; y cada una respondía a un nombre distinto. La palabra tortilla propiamente dicha viene del náhuatl, de tlaoltliltic palabra compuesta por los vocablos tlaolli = maíz, y tliltic = negro o ennegrecido.
El procedimiento para hacer las Veiltexcalli es el que se utiliza en los campos: Estas tortillas se tienen que hacer con mucho cuidado, y su cocimiento es delicado, ya que el calor del comal debe ser exacto. Se hacen en comales de barro o de hierro; el comal se prueba echando una cucharada de agua fría sobre el mismo, si ésta se evapora instantáneamente, se empiezan a cocer las tortillas. Se coloca la tortilla sobre el comal, se espera para voltearla aproximadamente de quince a veinte segundos (no debe dejarse más tiempo sin voltear porque se seca); se deja cocer treinta segundos más, y se procede a voltearla nuevamente; se deja cocer unos diez o veinte segundos, y se esponja como un globo.
Para moler el maíz con que hacían las tortillas y los innumerables otros platillos con que adornaban su mesa, los chorotegas usaban unas piedras que destacan por su extraordinaria belleza artística. Este instrumento culinario, de origen náhuatl, recibe el nombre de metate o metlatl, (su nombre en aquella lengua), que es una lápida con tres patas, sobre la cual se extiende el maíz. El grano se maja con un cilindro de piedra, de forma ovoide y redondeado en los extremos, que en náhuatl recibe el nombre de metlapilli, y que hoy lo llaman simplemente mano de piedra.
Los chorotegas tenían una variadísima gama de alimentos preparados de masa de maíz. Entre ellos, sobresale el tamalli - tamal - elaborado tomando un poco de masa, colocando algún relleno en el centro, y dándole forma a una especie de rollo como de un jeme, de unos dos o tres dedos de grosor, que se envolvía en una hoja de la misma caña del maíz o en otras similares (de plátano, entre otras), y poníase a cocinar en una olla con agua.
Los chorotegas aliñaban los tamales con semillas de ayote molidas y otros condimentos, lo mismo que con carnes - de xulo o perro mudo, chompipe, venado, tepeizcuinte, etc. - con tomate, miel de abeja o caracoles. Esa salsa, de tomate, pepitas de ayote y chile rojo, se utilizaba también profusamente en la comida azteca. En México, y en la Meseta Central costarricense, esta salsa ha conservado su pureza, y se sigue usando lo mismo que entonces, llamada con el mismo nombre náhuatl: pipián. En Costa Rica es la que se utiliza en los tradicionales tamales navideños.
Con masa de maíz preparaban también el atol - del náhuatl atolli - una papilla que se hace cocinando la masa en agua y mezclándole otros ingredientes como miel, especias, etc. En la actualidad, en la región guanacasteca, el más popular es todavía el atol hecho de maíz pujagua, de color morado.
Las formas de preparar el maíz en cazuela eran muy variadas. Además del pipián ya mencionado, lo preparaban también con pescado, semillas de calabaza molidas, chile y tomate, con ranas y chile verde, o con camarones.

Actividades culturales

Costa Rica ofrece gran cantidad y variedad de lugares y actividades culturales, con conciertos, festivales, exhibiciones y obras de teatro interpretadas y realizadas por profesionales y amantes del arte, que de seguro será algo para recordar.
La Sinfónica Nacional, orquesta reconocida internacionalmente, ha realizado giras a Taiwán, Los Ángeles, España, Alemania y Europa Oriental en años recientes, realiza presentaciones en el histórico teatro Nacional de Costa Rica dos veces al mes.
Un puñado de barones del café, muy visionarios, encomendaron la construcción del Teatro Nacional, una estructura hecha de piedra, para 1000 ocupantes y diseñada por arquitectos belgas y decorada por artistas italianos. Muchas estrellas Internacionales han actuado aquí, tales como, Prima Ballerina Anna Pavlova, del Ballet Bolshoi, Andres Segovia y Arthur Rubenstein. El teatro se ha convertido en una joya del patrimonio musical y teatral de Costa Rica.
El teatro Melico Salazar, con capacidad para 1,500 ocupantes, y otros 13 teatros pequeños acogen representaciones de la Sinfónica Juvenil, un talentoso grupo de jóvenes cuyas edades oscilan entre los 6 y 12 años y que realizan presentaciones durante el año lectivo (entre los meses de Marzo y Noviembre); la Sociedad de Opera Nacional y el muy reconocido Coro Nacional, se presentan en el Melico Salazar y el Teatro Nacional que asimismo es anfitrión de frecuentes representaciones de las compañías de danza más aclamadas del país, la Compañía Nacional de Danza y El Taller Nacional de Danza, los cuales alternan programas de danza clásica y avant-garde (vanguardia). Grandes artistas locales e internacionales exhiben de todo en las 19 galerías del país, desde formas cubistas y fotomontajes dadaístas hasta figuras neoclásicas. La comunidad artística, muchas veces trabaja en cooperación con el Ministerio de Cultura, asegurando compromisos especiales que complementen las exhibiciones permanentes en las galerías del área metropolitana.
Algunas de las mejores exhibiciones y obras en escena pueden ser vistas en el Centro Nacional de Cultura (CENAC) un complejo de teatros, museos y restaurantes rodeando un patio de ladrillos y un anfiteatro en Barrio Amon. El Ministerio de Cultura adopto como su cuartel general la propiedad de lo que una vez fue la Fábrica Nacional de Licores y construyó El Teatro y el museo de Arte y Diseño Contemporáneo.
El Ministerio (221-2154, fax 2566722) provee una lista semanal de los eventos y exhibiciones en el ámbito nacional. El teatro de calidad es dominado por la Compañía Nacional de Teatro, que rutinariamente lleva a cabo producciones de alto presupuesto. Teatros más pequeños presentan comedias graciosas, farsas crudas y ocasionalmente piezas experimentales.
Teatro Restaurante (Dinner Teatro), es un género adoptado ocasionalmente por la única compañía de teatro de habla inglesa del país, El Pequeño Grupo de Teatro, fundado en 1949. Representa cuatro funciones al año, profesionales y no profesionales son bienvenidos. En la campiña o área rural lo que domina la escena cultural son los festivales locales, con sus carnavales, rodeos, conciertos y muestras de manualidades.

Otros destinos interesantes

Sarchí despunta en la Meseta Central, o "valle central" como allí llaman a esta zona que se eleva tres mil metros, y es uno de los varios poblados que busca saciar la curiosidad de los visitantes sin perder su gracia original. Por ejemplo, muchos aprendieron a reproducir carretas en todos los tamaños y las venden como souvenirs pintadas en vivos colores. A fines del siglo pasado las carretas -tiradas por bueyes- se usaron para transportar caña de azúcar, después tabaco y finalmente granos de café. Hoy, desprovistas de utilidad, se convirtieron en rentable icono turístico. A veces en las calles se oye el son de una marimba, especie de xilofón que deriva de un antiguo y rústico instrumento del Congo y se toca con dos ó tres palillos.
Hacia el Pacífico, como hacia cualquier parte del país, los caminos se recorren con calma. En tren se cubre cualquier distancia en el doble de tiempo, ventaja para no ansiosos. Vaya en ómnibus o en auto, debe tomar la carretera Interamericana Norte que luego conecta con la Ruta Antigua Cerros de Aguacate, camino montañoso que zigzaguea entre imágenes magníficas de tierra tostada, verdes y más verdes. Una espumosa catarata se recorta en el paisaje: es la Represa de la Garita. Después el mundo parece acabarse en Puntarenas, enclave costero. Desde aquí hay que cruzar el estrecho de Nicoya para llegar a la península del mismo nombre y a su puerto, Paquera. El ferry que cubre el recorrido tiene dos líneas, la comercial -apta para viajeros independientes- y la institucional, que sólo lleva a los que van a Tambor para alojarse en el Hotel Barceló. La primera hace cuatro viajes diarios, dos por la mañana y dos por la tarde; así que conviene presentarse bastante temprano, sobre todo en temporada alta. Al desembarcar en Paquera, un servicio de taxis 4x4 propone traslado a cualquier punto de la península. Sea fiel a la costumbre local y regatee el precio.
Hasta Cabo Blanco hay un par de aldeas donde distraerse. Tambor es una, con una ribera larguísima, y además del aludido hotel con sistema All Inclusive, pueden encontrarse cabañas. Instalarse en el Barceló implica holgazanear al sol, tumbarse en una hamaca con vista al mar, partir desde aquí hacia la isla Tortuga para hacer snorkel o pescar, andar a caballo por la playa, alquilar un cuatriciclo o apuntarse a safari en jeep a la Reserva Absoluta de Cabo Blanco, retazo boscoso de lluvia y humedad que refleja lo que era la península de Nicoya antes de la llegada de la agricultura.
Frente a la reserva, la isla del mismo nombre es refugio natural para infinidad de pájaros bobos. Una rica fauna marina merodea en los arrecifes de coral, de los pocos que aún se conservan intactos, y sólo con permiso mediante (no es muy fácil conseguirlo) se puede bucear.
Camino al sur aparece Montezuma, lugar favorito de despreocupados, mochileros y fans de la vida agreste onda hippie. Con 500 habitantes estables (casi todos extranjeros), una playa de arena blanca y otra de arena negra, dunas que bordean el mar con plataformas rocosas, y mucha calma existencial, se resuelve la vida en este paraje. De los barcitos fluye el reggae al atardecer y la única pantalla (una sábana extendida) para ver cine a las siete de la tarde está en El Sano Banano, boliche vegetariano de una holandesa que en Montezuma recaló un día y se quedó para siempre, más feliz que un tico. Este reducto es para algunos el destino final, ya que una vez que descubren la paz y armonía de este pequeño paraíso, es difícil volver a la vida urbana. Muy recomendable para quienes buscan desconectarse del alienamiento de lo cotidiano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario